17-03-01
Mozart y Schumann protagonizan el concierto de la Oscyl bajo la batuta de Hernández Silva de este sábado en el Auditorio.

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El próximo sábado, 4 de marzo, la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (Oscyl) regresa al Auditorio ‘Ciudad de León’. El programa incluye dos grandes sinfonías: la 41ª de Mozart, una obra de arte que compuso en un periodo atormentado de su última época tras la muerte de cuatro de sus seis hijos; y la 4ª de Schumann, una modificación de su Sinfonía nº 2 que, tras una interpretación horrible, estuvo guardada diez años en un cajón hasta 1851.

La concejala de Cultura, Patrimonio y Turismo, Margarita Torres, ha presentado esta mañana el concierto que ofrecerá la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (Oscyl) este sábado (20.30 horas) en el Auditorio ‘Ciudad de León’. Junto a ella, el director técnico de la Orquesta, Jordi Gimeno, y Amelia Biaín, jefa de Cultura de la Delegación de la Junta.

Torres ha explicado que éste es el segundo concierto de la Oscyl esta temporada en León: “Una oportunidad para escuchar dos piezas deliciosas que forman parte del programa, como son la conocida como Sinfonía 41 de Mozart y la Cuarta de Schumann. Ambas bajo la batuta del director Manuel Hernández Silva y con precios asequibles oscilan entre 10 y 15 euros”.

La concejala ha indicado, junto a Jordi Gimeno, que el concierto consta de dos partes: la primera con la Sinfonía nº 41 en do mayor, K 551 ‘Júpiter’ de Mozart (1756-1791) y la segunda, con la Sinfonía nº 4 en re menor, op. 120 de Robert Schumann (1810-1856). En esta ocasión la Oscyl está dirigida por el venezolano Manuel Hernández Silva.

Sinfonía ‘Júpiter’

En palabras del musicólogo Enrique García Revilla, “la música de Mozart, en la actualidad, parte con cierta desventaja fren­te al público, puesto que de acuerdo con su posición en la línea crono­lógica su orquesta aún no posee la contundencia sonora de composi­tores posteriores como Schumann o Richard Strauss. Pero cuenta con un activo de importancia fundamental que se añade a su altura artís­tica intrínseca: las diferentes maneras de interpretación que, al menos desde mediados del siglo xx, se están llevando a cabo de su música y que parecen seguir abriendo nuevas vías para que suene siempre nueva y original”.

Por otra parte, el nombre de Mozart en los programas de mano “no parece reflejar el ser humano que se halla detrás de sus composicio­nes. Con demasiada frecuencia el oyente se enfrenta a él como si fue­se un autor despojado de biografía al igual que tantos compositores anteriores al Clasicismo, cuya música se explica por sí sola, sin nece­sidad de que se indique las condiciones humanas y materiales en que fue creada. Es bien sabido que contrajo matrimonio con Constanze Weber, pero tal vez es menos conocido el dato de que tuvo seis hijos, de los que tan solo dos sobrevivieron a la infancia. Fue precisamente tras el fallecimiento de su pequeña hija Teresa, de seis meses, cuando cayó en una reacción asocial que se tradujo en la composición, en el plazo de pocas semanas de, entre otras obras, sus tres últimas sinfo­nías”.

La Sinfonía nº 41, la última, merece ser presentada como “el afor­tunado producto artístico de la más elevada genialidad, que, habiendo aprehendido el magisterio de Bach, se erige en una de las más desta­cadas composiciones sinfónicas de Mozart y en una de las obras de arte absolutas de la civilización occidental. No obstante, el autor no llegó a ver estrenada esta obra”.

No hay una explicación convincente del motivo por el que se cono­ce a esta sinfonía como ‘Júpiter’. Al parecer, debió de ser el célebre Jo­hann Peter Salomon quien, consciente de la altura de la obra, le otorgó esta denominación. Júpiter es el padre de los dioses y el más grande de los planetas; Júpiter es la luz (do mayor), el trueno y el águila.

La 4ª de Schumann

La hoy considerada como cuarta sinfonía de Schumann es, en rea­lidad, una versión modificada de la que en su día fue su ‘Sinfonía nº 2’. Había compuesto la segunda en 1841, pero ante la magnitud de las dudas que se presentaron en su mente tras una desastrosa interpre­tación decidió no publicarla. “Así pues –como indica García Revilla en el programa de mano- su segundo trabajo sinfónico quedó provisionalmente relegado a un cajón, a la espera del día en que su autor, con la confianza de una mayor experiencia, pudiera mejorar sus defectos”. Fue en diciembre de 1851 cuando se decidió a retomar la antigua e inédita partitura y, en dos semanas, creó una nueva versión de la que ahora es conocida como su ‘Sinfonía nº 4’.

Desde el Clasicismo, el público estaba habituado a mantener en su butaca una actitud participativa, en virtud de la cual no se cohi­bía respecto a mostrar su agrado mediante el aplauso cuando sintiera la necesidad, sin tener que esperar al final de la sinfonía. Se permitía aplaudir, incluso, no solo entre los movimientos, sino en el interior del espacio temporal de la música, en el caso de que un determinado pa­saje hubiese logrado excitar su entusiasmo. Puede ser este uno de los motivos por los que Schumann concibió la forma final de esta obra con todos sus movimientos encadenados sin interrupción.

Desde 1991

La Orquesta Sinfónica de Castilla y León (Oscyl) fue creada en 1991 por la Junta de Castilla y León, y tiene su sede estable desde 2007 en el Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid. Su primer director titular fue Max Bragado-Darman y, tras este periodo inicial, Alejandro Posada asumió la titularidad de la dirección durante siete años, hasta la llegada de Lionel Bringuier, quien permaneció al frente hasta junio de 2012. Desde 2016 cuenta con el director británico Andrew Gourlay como titular. En esta temporada se celebra el 25º aniversario de su creación. Además, la OSCyL sigue contando con el maestro toresano Jesús López Cobos como director emérito, y con Eliahu Inbal como principal director invitado.

A lo largo de más de dos décadas, la OSCyL ha ofrecido centenares de conciertos junto a una larga lista de directores y solistas, entre los que han destacado los maestros Semyon Bychkov, Rafael Frühbeck de Burgos, Gianandrea Noseda, Masaaki Suzuki, Ton Koopman, Josep Pons, David Afkham o Leopold Hager; los cantantes Ian Bostridge, Angela Denoke, Juan Diego Flórez, Magdalena Kozena, Leo Nucci, Renée Fleming o Angela Gheorghiu; e instrumentistas como Vilde Frang, Daniel Barenboim, Xavier de Maistre, Emmanuel Pahud, Gordan Nikolic, Viktoria Mullova, Mischa Maisky o Hilary Hahn, entre otros muchos.

En esta temporada 2016-2017 además se estrenan tres obras de encargo, en este caso de los compositores Román González Escalera, Charlie Piper y Alfonso de Vilallonga.

PROGRAMA

PARTE I

WOLFGANG AMADEUS MOZART(1756-1791)

Sinfonía nº 41 en do mayor, K. 551, ‘Júpiter’

Allegro vivace

Andante cantabile

Menuetto: Allegretto-Trio-Allegretto

Molto Allegro

PARTE II

ROBERT SCHUMANN(1810-1856)

Sinfonía nº 4 en re menor, op. 120

Andante con moto-Allegro di molto-Animato

Romanza: Andante

Scherzo: Presto-Trio, attacca

Finale: Allegro vivace-Presto


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